La invisibilidad también es una forma de discriminación

Discriminación se entiende como la exclusión injustificada, distinción negativa o privación del ejercicio de derechos. En nuestro país son muchos los grupos discriminados por raza, nacionalidad, condición socioeconómica, ideología, tendencia política, lugar de residencia y claramente, por orientación sexual o identidad de género.

En general, se tiende a pensar que la discriminación se expresa con actos de violencia explícita que manifiestan el rechazo a un otro, como por ejemplo, las burlas, el acoso, el bullying o el matonaje. Sin embargo, también existe otra demostración de segregación, un expresión velada y callada: la invisibilidad.

Ignorar, hacer como que no existe, omitir o evitar mencionar también es una expresión de exclusión que contribuye a incrementar los prejuicios e ignorancia y en este sentido, la sociedad educativa ha sido un gran colaborador.

Al respecto, Tomás Ojeda Güedes, psicólogo clínico y columnista del Blog “Territorio Abierto”, señala que “uno ve que en todos los colegios tienen políticas anti bullying en pro del buen trato, de la sana y buena convivencia. Además, todos tienen políticas educativas antidiscriminación, en pro de la inclusión, del respeto, en fin…sin embargo, en cada una de esas categorías no aparece ni se incorpora el respeto por la diversidad de modos con que la sexualidad humana se expresa”.

Para nadie es desconocido que el tema de la educación sexual está al debe en las distintas entidades educativas – tanto escolar como de pregrado – y está en deuda porque hay pocas y casi nulas instancias donde se trata el tema de la diversidad sexual como una realidad más, como una realidad que existe y que convive con nosotros. Pero también está en deuda, porque muchas instituciones, simplemente, prefieren no considerarlo y ante cualquier caso que se dé al interior de la institución, se toman medidas particulares, a puerta cerrada y sin que tome contacto con el resto de la comunidad educativa. Y en este sentido, invisibilizan a quienes tienen una orientación sexual distinta o dificultad con su identidad de género.

En este sentido, Tomás Ojeda Güedes, quien tiene experiencia en el espacio escolar y educativo, agrega que “hay mucha dificultad desde el punto de vista de los adultos para poder tomar conciencia de lo relevante que es preguntarse y cuestionarse el cómo está siendo pensada la educación en términos generales y en específico la sexualidad. Para muchos esto no es un problema y si lo llega a ser, es siempre un caso excepcional, es un tema del niño, del alumno, de la familia y no de la institución…Entonces yo veo que aquí, hay un vacío importante.”

Dado el contexto país, en torno a la temática de la diversidad sexual, se hace necesario realizar una solicitud al Estado de que, efectivamente, tome parte en las problemáticas vinculadas a las personas lesbianas, bisexuales, gays y trans. Que desde la política pública se pueda empezar a hacer un trabajo serio de incorporación, de inclusión y de sensibilización a la las comunidades educativas respecto a la urgencia y necesidad de incorporar al currículum educativo el trabajo en diversidad sexual. “Lo que ha sido y lo que es muy evidente es que la práctica pedagógica, en general, el currículum educativo, el proyecto educativo de las instituciones e incluso la política pública en general ha sido pensada desde una óptica heteronormativa. De alguna manera, entonces, lo que se espera, cómo se piensa y cómo incluso se escriben los documentos de trabajo, por ejemplo, es bajo el supuesto de que uno educa y acompaña procesos de niños y jóvenes que son o van a ser heterosexuales. Desde ese supuesto es que entonces no entra ni hay posibilidad de incorporar la diferencia y la posibilidad de que hayan niños, adolescentes e incluso adultos que pudiesen reconocerse o descubrirse a sí mismo como asexuales o fuera de la norma. Y ciertamente eso impacta en la posibilidades de poder acompañar, en las posibilidades de  ir instalando discusión, debate, reflexión y de que los alumnos se sientan todos acogidos y reconocidos en su particularidad”, añade el experto.

Al sistema educativo le urgen espacios formativos donde se visualicen y se incorporen aprendizajes significativos y adecuados a los estudiantes, los que estén asociados a elementos conceptuales, a reconocer la diferencia, a comprenderla y a valorar la sexualidad desde la persona, con la dignidad propia de esta e independiente de su orientación sexual.

Lo desconocido provoca temor, desconfianza y prejuicios que fomentan la inopia… Luego, lo que no se nombra, no existe.

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Equipo Sexualidad

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